Olas de calor

El estudio, liderado por investigadores del TecnoCampus y la UPF, revela carencias en la climatización y la formación del personal de los centros durante los episodios críticos

Las olas de calor han dejado de ser ocasionales para convertirse en un fenómeno recurrente que tiene un impacto en la salud de las personas. Y que puede ser un factor de riesgo crítico para la población más vulnerable, como son las personas mayores dependientes. Una reciente investigación, enmarcada en un proyecto de doctorado industrial con el Departamento de Derechos Sociales e Inclusión de la Generalitat de Catalunya, ha revelado un dato preocupante. A pesar de que en condiciones climáticas normales el cuidado en residencias y en el hogar es equivalente en cuanto a hospitalizaciones, cuando llega una ola de calor, el riesgo de morir aumenta significativamente más para quien está en una residencia.

Los investigadores responsables del estudio son Helena M. Hernández-Pizarro (GRAEFES-TecnoCampus i CRES-UPF) y Albert Prades-Colomé (Tecnocampus, CRES-UPF y Departamento de Derechos Sociales e Inclusión de la Generalitat de Catalunya). Para llegar a estas conclusiones, han analizado los datos administrativos y de dependencia de más de 182.000 personas mayores de 60 años con dependencia de grado II o III en Catalunya. Esta información se ha combinado con registros meteorológicos y ambientales a lo largo de una década (2015-2024).

La residencia, entorno de mayor riesgo ante el calor

Ante las olas de calor, recibir cuidados en una residencia o en casa puede marcar la diferencia. “Una ola de calor aumenta la probabilidad de morir para todas las personas vulnerables, como la población mayor con dependencia, pero este aumento es más grande para la gente que vive en una residencia”, explica Helena M. Hernández-Pizarro. Esta diferencia no solo se nota durante la ola de calor, sino también en los días siguientes, y aumenta a medida que se incrementa la temperatura. Además, el riesgo sigue siendo más alto en las residencias incluso si comparamos a personas que tenían el mismo estado de salud previo.

Los resultados del estudio son robustos a diferentes tipos de análisis, además de explorar efectos heterogéneos con el fin de entender mejor el fenómeno (la mortalidad es menor en centros residenciales situados en zonas con renta media más elevada o centros con mayor capacidad). Investigaciones futuras deberán estudiar las causas, pero se podría señalar que estas podrían ser tanto estructurales como de gestión.

Uno de los factores clave, apuntan los expertos, son las limitaciones de muchos edificios para hacer frente a temperaturas extremas. En comparación al hogar, la densidad es mayor en residencias, y esto junto con deficiencias en la ventilación, la climatización o el aislamiento térmico, puede favorecer que el calor se acumule en el interior de los centros durante varios días consecutivos.

Muchos centros residenciales, especialmente en zonas de rentas más bajas, son edificios cuyas características térmicas no aíslan adecuadamente del exterior. Los investigadores denuncian que las residencias, como muchos otros edificios, no están preparadas arquitectónicamente para el nuevo escenario climático. Las normativas y recursos actuales no garantizan un control climático efectivo sobre el terreno cuando los termómetros se disparan.

En este sentido, los investigadores señalan que, mientras que la climatización de las escuelas ha generado un gran debate mediático, la situación de las personas con dependencia, que son mucho más vulnerables, ha pasado mucho más desapercibida.

Falta de formación

Otro elemento determinante extraído del análisis son los condicionantes organizativos, tales como la carga de trabajo, la disponibilidad de personal y la formación de los profesionales. “Además de la ratio, preocupa la falta de preparación específica para afrontar de manera preventiva estos episodios climáticos como se ha identificado en otros países europeos” apunta la investigadora. Los investigadores hablan de la necesidad de una formación que debería ir en dos direcciones: “tanto si los trabajadores tienen que tomar alguna medida para protegerse, por ejemplo, evitar su propia deshidratación, como también de cara a estar más atentos a determinados signos de la persona que están cuidando”.

A partir de los resultados, los investigadores destacan que es urgente incorporar de manera transversal la adaptación al cambio climático en las políticas de atención a la dependencia. Esto pasa por reforzar medidas urgentes como la mejora de los sistemas de refrigeración y ventilación de las residencias, actualizar de forma estricta los protocolos de actuación ante olas de calor y potenciar la formación específica de los profesionales tanto en el ámbito residencial como en la atención domiciliaria. Según concluye Prades-Colomé, “la investigación nos está diciendo que debemos incorporar la perspectiva de adaptación al cambio climático cuando proveemos recursos a la gente mayor”.

Los resultados de la investigación se recogen en la ponencia titulada “Too Hot to Cope? The Role of Long-Term Care Against Heatwave Health Risks”, presentada en el marco de las XLV Jornadas de Economía de la Salud (AES). El congreso, celebrado del 17 al 19 de junio de 2026 en la Universidad de Sevilla, es un encuentro científico de referencia en España en el ámbito de la economía de la salud. Desde el TecnoCampus destacan que su presencia en el congreso refuerza su papel en la generación de evidencia científica sobre envejecimiento, salud y cambio climático, y promueve la transferencia directa de conocimiento entre la universidad y la administración pública.