Opinión
Los árboles dan frutos diferentes según cómo se podan. Si la poda es acertada, el árbol crece más fuerte, es más productivo y acaba beneficiando todo el entorno. Con la fiscalidad pasa exactamente el mismo. Cuando se podan las políticas tributarias y se adaptan a la realidad de las pequeñas y medianas empresas, los frutos no son solo para los que emprenden: son más inversión, más innovación, más empleo y más prosperidad.
La reducción progresiva del Impuesto de Sociedades para las empresas con una facturación inferior a los 10 millones de euros es una de estas buenas podas. Los recursos que las pymes dejarán de destinar a impuestos se convertirán en capacidad para invertir, digitalizarse, mejorar la productividad y crear puestos de trabajo. Cuando las pymes ganan competitividad, también lo hace el país.
Según las estimaciones de Pimec, esta reducción fiscal representará un ahorro de cerca de 270 millones de euros para las pymes catalanas este mismo ejercicio y de 1.162 millones hasta el 2029. No es dinero que desaparezca de la economía; al contrario, se transformará en nuevas inversiones, más innovación, mejoras productivas, capitalización empresarial y más capacidad para afrontar un entorno cada vez más competitivo.
Durante mucho tiempo hemos defendido la necesidad de adaptar el Impuesto de Sociedades a la dimensión real de las empresas, convencidos de que no se puede exigir el mismo esfuerzo fiscal a una microempresa familiar que a una gran corporación. Hoy esta reivindicación deja de ser una propuesta para convertirse en una realidad. Es la demostración que la incidencia institucional funciona cuando se fundamenta en el conocimiento de la realidad empresarial y en la perseverancia. Cuando las pymes tienen voz propia, participan en los espacios de decisión y son presentes en el puente de mando, las políticas públicas responden mejor a las necesidades del tejido productivo. Y los resultados acaban llegando.
Sin embargo, este no es el final del camino. Todavía hace falta facilitar el acceso a los incentivos fiscales vinculados a la investigación, el desarrollo y la innovación, favorecer la reinversión de los beneficios e impulsar medidas que refuercen la dimensión y la solvencia de las pequeñas y medianas empresas. Si queremos una economía más resiliente y productiva, la fiscalidad tiene que seguir siendo una palanca de crecimiento y no un freno.
La reducción del Impuesto de Sociedades marca un punto de inflexión. Demuestra que cuando las pymes son escuchadas y tienen capacidad de influencia, sus propuestas acaban dando frutos que benefician todo el país. Desde Pimec seguiremos trabajando para para construir un entorno más competitivo y más equitativo.