Tensión en el Penedès

Alerta por una vendimia con producción sin salida por el stock que acumula el sector del cava

Las primeras semanas de la vendimia han impulsado el debate sobre el futuro del vino tras años de caída del consumo, especialmente del tinto, pero también del espumoso, y de la acumulación de stocks en las bodegas. Los payeses que cultivan xarel·lo, macabeo y parellada para la DO Cava viven momentos de tensión por la incertidumbre de si podrán vender toda la uva y por los precios que pagan algunos elaboradores, muy por debajo de los costes de producción fijados por el Incavi entre los 53 y los 56 céntimos/kilo. La Associació de Viticultors del Penedès (AVP), Unió de Pagesos (UP) y la Federació de Cooperatives Agràries de Catalunya (FCAC), entre otros sindicatos, han denunciado que varias firmas del sector pagan 25 o 30 cts/kilo poniendo en riesgo la subsistencia de no pocos agricultores.

Mientras la cosecha, la más temprana de la historia en muchas zonas de Catalunya, se considera buena en cantidad y calidad, los precios hipotecan al payés. Durante los años de sequía toda la uva tenía salida y a tarifas razonables; ahora no. La acumulación de existencias en las bodegas provoca desasosiego a los viticultores que no han conseguido cerrar acuerdos para la venta de toda su uva. Este es el caso de Josep Anton Escofet, de Torrelles de Foix, quien ya se plantea arrancar entre 15 y 20 hectáreas de viña del total de 60 que cultiva. “Me quedan 200.000 kilos de xarel·lo y parellada por vender, alrededor de la mitad de mi producción. He hablado con varias bodegas pero no los quieren. El año pasado ya tuve que dejar unos 60.000 kilos en la viña con todo el dolor en el corazón, se sufre mucho”, comenta. La cifra que le abonarán por los 200.000 kilos que ha apalabrado con un elaborador de Guardiola de Font-Rubí es de 37 céntimos/kg, por debajo de los entre 50 y 70 cobrados en el 2025 por la mayoría de su cosecha. Esta es la paradoja de la actual vendimia: frutos sanos, en general buenas cantidades, pero con salidas limitadas al mercado.

Me quedan 200.000 kilos de xarel·lo y parellada por vender, la mitad de la producción

El caso de Escofet no es aislado. Guillem Cañellas, miembro de +500. Agrupació d’Agricultors del Pla de Manlleu, alerta de que en esta zona “quedan casi 600.000 kilos de parellada por colocar”. El hecho de que haya casas que no concreten hasta el último momento la cantidad que comprarán condena a la incertidumbre al payés. “Si lo hubieran comunicado antes los afectados quizás se hubieran acogido a las subvenciones de la vendimia en verde”, añade. Cañellas ha diversificado su economía con el turismo rural y una pequeña bodega, Ça Liula, de la que salen unas 8.000 botellas al año. La parellada la vende a firmas de la Marca Colectiva Corpinnat y a la DO Cava, gracias a contratos que negocia en bloque la agrupación + 500 con precios que van de 50 a 60 cts/kg y que, en el caso de Corpinnat, rondan el euro.

Pere Llopart, presidente de esta marca creada en el 2018 y que agrupa a 23 bodegas, recuerda que el reglamento de la misma fija un precio mínimo de compra de la uva que este 2026 es de 94 cts/kg. Llopart asume que “el viticultor está en estos momentos en la cuerda floja, si desaparece será un desastre para el territorio; el Penedès no puede arrancar viña, no tenemos alternativa, de lo contrario los campos se transformarán en bosques, polígonos o urbanizaciones”, opina.

El viticultor está en la cuerda floja, si desaparece será un desastre para el territorio

Para Llopart el desapego de grandes marcas del territorio es uno de los males. También ha tenido consecuencias para los payeses locales el hecho de que alguna empresa haya adquirido uva en otros destinos fuera de Catalunya.

Josep Anton Vendrell, presidente de la Associació de Viticultors del Penedès (AVC), subraya que quienes han firmado contratos trianuales pueden respirar al tener garantizada la venta de la producción acordada, aunque también avisa de que hay alguna casa que “rompe acuerdos antes de empezar la vendimia, pero el agricultor no se enfrenta a ellos por miedo. Después están los que no saben cuánto venderán ni a qué precio”. Lamenta la falta de datos y que no se actúe en el caso de que “llegue a las bodegas vino base de fuera de la zona Cava, eso es competencial desleal”.

Mientras el elaborador venda cava a 3,5 euros en el súper no pagará el precio de coste al payés

El 30 de mayo 38 viticultores contestaron una encuesta con el resultado de que entonces había en el Penedès cuatro millones de kilos sin comprador

“El 30 de mayo –añade– 38 viticultores contestaron una encuesta con el resultado de que entonces había en el Penedès cuatro millones de kilos sin comprador”. La AVP, junto con otras entidades, como UP, ha señalado en un comunicado a algunas de las empresas que pagan por debajo de los precios de coste: “Jaume Serra, del grupo García Carrión, alrededor del 30 cts/kg, Can Pagès, 25 cts/kg y Vins Font, unos 30 cts/kg”. Por otro lado, “hay casos como Vallformosa que se compromete a quedarse con el 70% de lo que compró en el 2025 al mismo precio, pero que el resto lo pagará a 12 céntimos”, afirma Josep Marrugat, de UP. La directora general de Vallformosa, Marta Vidal, que en junio fue elegida presidenta de la DO Cava, contesta por escrito que su bodega “ha comunicado con transparencia y en tiempo y forma a sus viticultores el volumen que necesita en esta vendimia para destinar a cava y ha firmado los contratos pertinentes, volumen inferior al año pasado porque entonces compró por encima de sus necesidades y la evolución de las ventas no ha sido la prevista”. Agrega que “Vallformosa se ha ofrecido a dar salida a una eventual producción excedentaria que no necesita, asumiendo el riesgo comercial y destinándola fuera de la DO Cava con unas condiciones económicas coherentes con este destino”. Vidal recuerda que las denominaciones de origen no fijan el precio de la uva pero afirma “compartir la preocupación expresada por los viticultores ante las situaciones de incertidumbre”. Será al final de la vendimia cuándo se analizará la situación y se buscarán posibles soluciones en un sector que agrupa a 200 bodegas y 6.200 familias de agricultores.

Vallformosa se ha ofrecido a dar salida a una eventual producción excedentaria que no necesita, asumiendo el riesgo comercial y destinándola fuera de la DO Cava con unas condiciones económicas coherentes con este destino

Cabe apuntar que “entre el 60 y 65% de la uva cosechada en Catalunya se destina a cava”, concretan desde la DO. El volumen de ventas bajó a 190 millones de botellas en el 2025, el 60% en el mercado internacional, frente a los 210 del 2024 o los 250 del 2023, según los datos aportados por Vidal.

Antes de arrancar viña hay que asegurarse de que el origen de la uva es el que marca la etiqueta

Los elaboradores y viticultores consultados coinciden en que este es un momento clave para abordar cambios en muchos ámbitos que neutralicen en lo posible el impacto de la caída del consumo. De entrada, Josep Anton Vendrell advierte que pagar por debajo de los costes de producción no transmite el mejor mensaje al consumidor. Y Joan Gené, director del Incavi, deja claro que “mientras vendan cava a 3,5 euros la botella en el supermercado los elaboradores no pagarán el precio de coste al payés”. “Hay que buscar nuevos mercados y formatos y llegar más a la hostelería, hay camino por recorrer”, juzga Gené.

Esta vendimia pide a gritos un profundo debate sobre el mundo del vino. Un tema en el que hay opiniones muy diversas es si debería eliminarse viña para adaptar la oferta a la demanda. Marrugat, de UP, defiende una “descepada social” en una superficie de entre 5.000 y 10.000 hectáreas. Marrugat explica que esta medida debería reservarse a los payeses a los que les falta poco para la jubilación y cita como referencia el caso de Francia donde se han pagado 4.000 euros por hectárea de ayuda pública. Gené dice que lo prioritario es recuperar consumos y arrancar lo mínimo: “No podemos perder un paisaje que apaga incendios”. Pero asume que entre un 10 y 15% de la viña está en riesgo porque el payés no se gana la vida.

El sentir mayoritario es apostar por otras vías antes que eliminar viñedos. Pepe Raventós, al frente de Raventós i Blanc, reivindica avanzar hacia un modelo que defienda el territorio, prime la calidad y permita sacar vinos a precios más elevados inspirados en la Champagne, donde los viticultores ingresan unos seis o siete euros por kilo de uva. “La salud de una denominación de origen depende de lo que se paga al payés. Antes de arrancar viña hay que asegurarse de que el origen de la uva es el que marca la etiqueta y crear una mesa de costes entre payeses, elaboradores, Incavi, universidad..., para hablar de precios de referencia, si esto se cumple nos enfocamos hacia la sostenibilidad”, subraya Raventós.

Cambios en el consumo

Vinos con menos grado alcohólico

Ester Nin, enóloga con viñas en El Pla de Manlleu y el Priorat, asume que en estos momentos no hay otra que buscar la excelencia, adaptarse a la demanda del mercado elaborando vinos más frescos y con menos grado alcohólico. Nin está en ello y el año pasado ensayó con su hermano un rosado de 9 grados que tuvo buena acogida. También Pere Llopart apuesta por espumosos “a partir de 9 grados, ahora lo normal es de 11 a 11,5”. Nin empezó la vendimia el jueves en el paraje de Selma, en El Pla de Manlleu, un mes antes que en el 2025, récord histórico. “El futuro son los vinos naturales, con alma, de pequeñas bodegas que hacen las cosas bien. El consumidor quiere cuidar su salud, hay que producir ecológico, sin pesticidas, esto es impepinable”, remarca Nin. Atendiendo a la nueva tendencia hace unos años empezó a elaborar blancos y ancestrales. “No podemos estancarnos en tintos de 15 grados y reclamamos a la DOQ Priorat que el grado mínimo del blanco baje definitivamente de 13 a 12,5”, añade. Prevé que la actual vendimia sea similar a la de años normales, pero “con un nivel sanitario perfecto, con parámetros enológicos de libro”.
Martí Torrallardona, de Sant Sadurní d’Anoia, encarna el perfil del pequeño productor que consigue sacar adelante sus vinos, La Fita, consolidando el 60% de sus ventas en el exterior. Núria Altés, al frente de Herència Altés, en la Terra Alta, considera que “ahora se bebe menos, pero de más calidad”. También se ha adaptado a la nueva demanda de vinos “con un perfil más ligero”. Altés defiende el paisaje histórico de la viña e introduce otro debate, “el de la continua agresión de las renovables, en una comarca que ya genera el 25% de la energía eólica de Catalunya y que ahora el Plater de la Generalitat prevé que se pueda multiplicar por más de tres”.

Cifras y tendencias

La evolución del sector

La Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) estima que el consumo mundial de vino alcanzó los 208 millones de hectolitros en el 2025, lo que supone un descenso del 2,7% respecto al 2024.

Las exportaciones mundiales cayeron un 4,7% mientras que el valor de las mismas descendió un 6,7%. Las de espumosos bajaron un 2,7% en volumen y un 6.1% en valor, según el OIV.

Y las exportaciones españolas decrecieron un 2,2% y su valor un 3,9%, bajada atribuida por el OIV a la caída del vino embotellado (-7,3%) mientras que a granel subió un 1,2% en volumen.

El consumo en España se estima que retrocedió un 5,2% en el 2025. En EE.UU., el mayor mercado del mundo, descendió un 4,3%. Por el contrario, Portugal aumentó un 5,6% en relación al año anterior.

La superficie de viña plantada en Catalunya ha pasado de las 64.273 hectáreas del 2001 a las 55.194 del 2025, un 14,2% menos, según los datos publicados por el Ministerio de Agricultura.

Las ventas de vino de denominaciones de origen catalanas en Catalunya se situaron en 20.781.005 litros en el 2025, un 4,6 menos que en el 2024, según un informe publicado por el Incavi.