El Ibex 35 alcanza los 20.000 puntos por primera vez en su historia: Qué esperar

Hoy vengo dispuesto a fastidiarte el fin de semana con una historia para no dormir. Vaya por delante que no es mi escenario central ni creo que haya posibilidades reales de que esto ocurra, pero si yo lo he visto en el gráfico y me ha dado un respingo, lo vas a ver tú también.
Porque esta es una historia de esas que te dejan con mal cuerpo, aunque no te la acabes de creer. De las que te cuentan, la desechas al momento, no vuelves a acordarte de ella en todo el día y luego por la noche cuando te metes en la cama, vuelve a ti y no te deja dormir.
Y esta historia empieza con un poco de teoría sobre análisis técnico. Una de las figuras más reconocibles del análisis chartista es la del Hombro-Cabeza-Hombro o HCH. Digo que es un patrón muy visual, porque su nombre es muy descriptivo. Básicamente, consiste en una formación compuesta por tres máximos consecutivos:
1.- Primer hombro 
Un máximo relevante seguido de una corrección.
2.- Cabeza 
Un máximo más alto que los otros dos (el punto más alto del patrón) seguido de otra corrección.
3.- Segundo hombro 
Un máximo más bajo que la cabeza y similar al primer hombro.
Estas tres partes descansan sobre una línea de soporte llamada línea clavicular (neckline), que une los mínimos de las dos correcciones. La teoría nos dice, además, que la figura se activa cuando el precio rompe la línea clavicular a la baja, normalmente con aumento de volumen y que esta ruptura sugiere un cambio de tendencia alcista a bajista.
¿Cómo se calcula el objetivo de caída de un HCH?
Sobre el papel, el objetivo de caída se calcula midiendo la distancia entre el pico de la cabeza y la línea clavicular y esa distancia se proyecta hacia abajo desde el punto de ruptura… como se puede ver en el gráfico bajo estas líneas.
Se trata de un patrón que refleja bastante bien la psicología clásica del mercado: se hace un máximo, se corrige (primer hombro), los toros vuelven a la carga de nuevo… pero los compradores pierden fuerza (cabeza) y tras un último intento con menor convicción (el otro hombro) los osos toman el control al romper la línea clavicular.
Bien, pues este es el gráfico del Bitcoin en velas diarias. Míralo un minuto y ahora te explico por qué creo que esto no se va acabar produciendo, aunque soy bastante pesimista con la criptomoneda en el corto plazo.
¿Ya lo has visto? Porque una vez que lo ves, cuesta muchísimo dejar de verlo.
El máximo de 2024 podría interpretarse como el primer hombro. El gran pico alcanzado en 2025 encajaría perfectamente con la cabeza. Y el rebote posterior, incapaz de recuperar los máximos anteriores, dibujaría un segundo hombro sorprendentemente simétrico. Todo ello apoyado sobre una línea clavicular descendente que, a día de hoy, el precio está poniendo a prueba.
Y aquí es donde la historia se vuelve inquietante.
Si aceptamos por un momento que la figura es válida y aplicamos la teoría chartista de forma estricta, la proyección de caída resulta sencillamente absurda. La distancia entre la cabeza y la línea clavicular ronda los 60.000 dólares. Si esa distancia se proyecta desde el punto de ruptura, el objetivo teórico se sitúa en una zona comprendida entre los 5.000 y los 10.000 dólares por Bitcoin.
Sí, has leído bien. Entre 5.000 y 10.000 dólares. Un desplome superior al 90% desde máximos históricos. Una caída capaz de borrar de un plumazo buena parte de la narrativa construida alrededor de Bitcoin durante los últimos años.
Y precisamente por eso creo que no va a ocurrir.
Porque los mercados tienen la desagradable costumbre de hacer el mayor daño posible al mayor número de personas posible, pero rara vez conceden patrones tan perfectos y tan evidentes en gráficos que observa medio planeta.
Además, hay varios problemas técnicos con esta interpretación. El primero es que la línea clavicular no es horizontal, sino claramente descendente. El segundo es que estamos hablando de una figura gigantesca, construida durante años, algo mucho menos frecuente y fiable que los patrones que suelen estudiarse en los manuales. Y el tercero, quizá el más importante, es que el contexto actual de Bitcoin no se parece en nada al de ciclos anteriores.
Hoy existen ETF al contado, fondos institucionales, empresas que acumulan Bitcoin en sus balances y una infraestructura financiera que simplemente no existía durante los grandes mercados bajistas del pasado. Eso no impide que el precio caiga. Ni siquiera impide que pueda caer con fuerza. Pero sí hace más difícil imaginar una destrucción de valor tan extrema como la que sugeriría este patrón.
Dicho esto, tampoco conviene ignorar la advertencia.
Porque, aunque el objetivo de los 5.000 dólares me parezca propio de una novela de terror financiero, la figura nos está diciendo algo importante: la tendencia alcista de los últimos años se ha deteriorado notablemente. Los máximos ya no son crecientes. Los rebotes son cada vez más débiles. Y el mercado parece haber entrado en una fase en la que las malas noticias pesan más que las buenas, al menos en el corto plazo.
En otras palabras: no creo en el monstruo, pero sí creo en las huellas que ha dejado en el bosque.
Por eso mi escenario central sigue siendo una corrección importante, incluso dolorosa, pero no un apocalipsis. Veo mucho más probable una visita a zonas de soporte relevantes que una caída hacia niveles que obligarían a reescribir toda la historia reciente de Bitcoin.
Sin embargo, una vez que has visto el monstruo debajo de la cama ya no puedes dejar de verlo…

¿Cuánto le está costando la indecisión?

Cada día que espera es un día que el mercado avanza sin usted. InvestingPro pone en sus manos datos de nivel institucional e información basada en IA a un precio al alcance de todos.
Deje de esperar. Empiece a invertir con confianza.