Los inversores españoles han comenzado el año apartándose de los fondos monetarios, tras varios ejercicios de fidelidad a un producto concebido, en esencia, para resguardar la liquidez. Durante mucho tiempo han sido el refugio natural del ahorro más prudente y, para muchos ahorradores, conservadores por naturaleza, la puerta de entrada al mundo de la inversión. Sin embargo, en este arranque de año, su protagonismo se ha reducido. Solo en enero, los españoles han retirado 100 millones de euros de estos fondos, según datos de Inverco, y han optado por introducir una pizca más de riesgo en sus carteras atraídos por las fuertes subidas de las bolsas y los bonos en estos últimos años, que parecen prolongarse también en este ejercicio, aunque con más volatilidad. Sobre el papel, los monetarios son los fondos que menos rentabilidad ofrecen, por cómo están construidos. Sin embargo, lo positivo es que el 80% está en condiciones de batir a la inflación este año si mantienen el ritmo actual al que ganan dinero, que es el objetivo básico que debe perseguir cualquier inversor para preservar su poder adquisitivo.

Las últimas proyecciones del Banco de España sitúan el IPC en el 2,1% a finales de este año, y en el 1,9% en 2027. Pues bien, 48 de los 61 fondos monetarios a la venta en España avanza a la velocidad de crucero adecuada para igualar o, incluso, superar ese 2,1%. Lo que necesitan para lograrlo es seguir ganando un 0,21% cada mes, como hasta ahora, una vez descontadas las comisiones, hasta final de año. Algo que parece razonable. "Esperamos que la mayoría de los inversores se mantengan satisfechos con los fondos monetarios incluso si el tipo de interés terminal de fondos federales se sitúa en la zona inferior del 3%, como prevé el gráfico punto del SEP [una parte del informe que publica la Fed con distintas previsiones también conocido como dot plot]", señalaba Deborah A. Cunningham, CFA, vicepresidenta ejecutiva y directora de inversiones de mercados globales de liquidez de Federated Hermes, a principios de enero.

Recordar que este tipo de vehículo invierte sobre todo en deuda pública de corta duración, que es menos sensible a los movimientos de los tipos de interés. Lo más habitual es que construyan sus carteras con renta fija de una duración media de tres meses, aunque también hay fondos monetarios a ultra corto plazo. Por ello, el mayor riesgo que se asume con estos fondos es que alguno de los países en los que invierte entre en default (es decir, que impague su deuda), algo poco probable porque suelen comprar bonos de países como Alemania, Estados Unidos o España. Y al margen de los que siguen una velocidad de crucero con rentabilidades del 0,21%, hay otros que se desmarcan con subidas de entre el 0,33% y el 0,42% (ver gráfico). Son una alternativa, también, para reducir la exposición al mercado de una forma eficiente a nivel fiscal.

En los últimos años los fondos monetarios han sido todo un éxito entre los inversores en cuanto a suscripciones netas. El verdadero boom se produjo en 2024. Aquel año captaron más de 11.700 millones de euros, una cifra que pulverizó el anterior récord, establecido en el año posterior al estallido de la burbuja tecnológica. Su éxito vino acompañado de altas rentabilidades para un producto tan conservador como es el monetario, que llegó incluso a plantar cara a otras alternativas populares entre los ahorradores, como las Letras del Tesoro -a las que batieron en momentos puntuales- o los depósitos bancarios, que por entonces ofrecían rendimientos muy similares al 3,31% de los monetarios. Ya el año pasado, la fiebre por estos productos bajó un poco, pero aún así captaron otros 1.300 millones de euros.

Estos vehículos empezaron a perder atractivo cuando el Banco Central Europeo (BCE) empezó a recortar los tipos. El motivo es que, cuando esto pasa, el precio de los bonos que ya existen en el mercado se revaloriza, pero las nuevas emisiones empiezan a pagar cupones más bajos -y afecta, en general, a todos los fondos de renta fija, no sólo a los monetarios-. Su efecto se vio ya el año pasado, cuando cerraron con rentabilidades medias del 1,89%, frente al 3,31% de 2024. La parte positiva es que el ciclo de recortes ha llegado a su fin, aunque las subidas quedan lejos todavía.

El mensaje para este año era claro: la renta fija seguirá ofreciendo rentabilidades pero será más difícil batir a la inflación. Por eso los inversores han empezado a introducir algo más de riesgo en sus carteras. Se observa en que parte del dinero que antes elegía productos muy conservadores, como fondos puros de renta fija a corto plazo, ahora también se atreve a comprar mixtos de renta variable y renta fija, o incluso fondos de bolsa internacional. Todas estas categorías han logrado suscripciones netas en enero, aunque las claras favoritas siguen siendo las ligadas a la renta fija. Los fondos de deuda a corto plazo -el siguiente peldaño al monetario- son los que más dinero atraen en este inicio de año, unos 900 millones de euros.

Aun así, los fondos monetarios han cumplido con su condición de refugio en episodios de volatilidad concretos de este año. En la primera semana del año, la que terminó el pasado 7 de enero, estos vehículos registraron la mayor entrada de dinero semanal de la historia en Europa, según datos de Bank of America. Esa búsqueda de seguridad por parte de los inversores coincidió con una escalada de la tensión geopolítica, y llegó después de un año de fuertes ganancias, tanto en bolsa como en renta fija. El mismo 3 de enero, el mundo amanecía con la intervención militar de Estados Unidos a Venezuela. Tan sólo cuatro días más tarde, Donald Trump reiteraba su ambición de anexionarse Groenlandia. Durante esa primera semana, en la que las bolsas siguieron subiendo, pese a todo, los inversores refugiaron nada menos que 91.000 millones de dólares (unos 77.800 millones de euros al cambio) en fondos monetarios.

En el conjunto de 2025, y según los datos recopilados por Bank of America, los fondos monetarios lograron entradas superiores a los 146.000 millones de dólares, una cifra ligeramente inferior a la conseguida por los fondos de renta fija, que captaron unos 193.000 millones.

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