Catalunya crece y crea empleo. Pero, en este contexto de dinamismo, emerge una pregunta incómoda: por qué seguimos teniendo dificultades para convergir con las economías europeas más productivas? La respuesta nos remite a una paradoja significativa: a menudo, los principales retos de una economía no se encuentran solo en las debilidades, sino en las contradicciones que esconde el propio éxito. Catalunya dispone de buena parte de los ingredientes del éxito: economía abierta y exportadora; talento; capacidad de atracción de inversión; universidades y centros de investigación de excelencia y un ecosistema emprendedor dinámico. La fortaleza radica en la diversidad de su tejido productivo y en la contribución de todos los sectores de actividad al crecimiento, el empleo y la cohesión social. Ningún sector es prescindible para el futuro del país. Tiene también un modelo de relaciones laborales y una cultura de diálogo social reconocida más allá de Catalunya. Y, sin embargo, seguimos teniendo dificultades para convergir en aquello que determina la prosperidad a largo plazo: la productividad. ¿Por qué?

Una parte de la respuesta se encuentra en tres factores: la reducida dimensión empresarial, las dificultades para trasladar la investigación al mercado y la adaptación insuficiente de las competencias a los cambios tecnológicos. Ahora bien, estas explicaciones no agotan la cuestión. La productividad no depende solo de las empresas. Es consecuencia de la interacción entre múltiples elementos del ecosistema económico e institucional de un país. En este ecosistema resultan determinantes factores como las infraestructuras, la incorporación efectiva de la inteligencia artificial y de otras tecnologías adelantadas. La calidad del capital humano, la innovación y la transferencia de conocimiento son igualmente esenciales. También lo son la capacidad de atraer y retener talento, y de movilizar mejor el talento disponible en el país, especialmente de jóvenes, mujeres y las personas migradas. El acceso a una energía competitiva y sostenible y la disponibilidad de vivienda son, al mismo tiempo, factores cruciales. Así como la calidad institucional y de las políticas públicas.

Catalunya necesita aprovechar mejor las ventajas competitivas que ya tiene

La productividad depende también de la capacidad de ejecutar las inversiones estratégicas que el país necesita para mejorar su competitividad. Y depende, de la misma manera, de disponer de los recursos necesarios para sostener estas inversiones a lo largo del tiempo. Un sistema de financiación adecuada es una condición estratégica. No solo porque permite sostener las inversiones que impulsan la competitividad, sino también porque hace posible reforzar la igualdad de oportunidades. Por eso, combatir la pobreza, especialmente la infantil, no es solo una política social; es también una inversión en capital humano, productividad y futuro. Es una prioridad estratégica de país.

Si este es el diagnóstico, la conclusión es igualmente clara. Necesitamos facilitar el crecimiento empresarial, acelerar la digitalización de las pymes, reforzar la formaciónprofesionaly el aprendizaje permanente. También hay que mejorar la transferencia de conocimiento, invertir más en infraestructuras e innovación, reducir trabas administrativas y reforzar la evaluación de las políticas públicas. Necesitamos también avanzar en la transición energética y en la sostenibilidad ambiental. No se trata de reformar para reformar. Catalunya ya ha demostrado que sabe crecer. Ahora el gran reto es transformar el crecimiento en productividad, y la productividad en prosperidad compartida.